El camino de la selección española hacia su segunda estrella mundialista fue un ejercicio de maestría táctica, temple y resiliencia. La Roja arrancó su andadura en la fase de grupos con un amargo empate sin goles ante Cabo Verde que generó dudas en la afición, pero el equipo reaccionó de inmediato. Las victorias ante Arabia Saudita por 4-0 y Uruguay por 1-0 no solo aseguraron el liderato de grupo, sino que asentaron la solidez defensiva que terminaría convirtiéndose en la gran seña de identidad del conjunto dirigido por Luis de la Fuente.
En las rondas eliminatorias, España desplegó un fútbol de control absoluto. Superó a Austria con un contundente 3-0 en dieciseisavos y se impuso a Portugal por 1-0 en octavos. En los cuartos de final, Bélgica exigió al máximo a los españoles, pero la selección logró vencer por 2-1 en el único partido del torneo donde encajó un gol. Las semifinales frente a la Francia de Kylian Mbappé confirmaron el gran momento del equipo, sellando un impecable 2-0 que los metió de lleno en la gran final.
El clímax del torneo llegó el 19 de julio en el MetLife Stadium frente a la vigente campeona, Argentina. Tras noventa minutos de máxima tensión táctica y un marcador congelado en cero, el título se definió en la prórroga. En el minuto 105, Ferran Torres culminó una brillante jugada colectiva para anotar el gol de la victoria. Tras consagrarse campeona del mundo e invicta, la selección española ha regresado a la competición continental con la mirada puesta en la UEFA Nations League, consolidada como la dominadora absoluta del fútbol global.

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